El Señor no dice que el verdadero pastor «no debe recibir salario», pues La Palabra habla claramente sobre la dignidad de servir a Dios y de recibir ingresos por ello.

«»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas. Cuando ve que el lobo se acerca, abandona las ovejas y huye; entonces el lobo ataca al rebaño y lo dispersa. 13 Y ese hombre huye porque, siendo asalariado, no le importan las ovejas.» Juan 10:11-13

La diferencia está en que el verdadero pastor, cuida las ovejas porque tiene un llamado de Dios a hacerlo, porque Dios ha llenado Su corazón con amor y pasión para ello. El «asalariado» es la imagen de alguien que solo le interesa el dinero, que cumple una función profesional en un horario determinado. Su interés es beneficiarse económicamente.




Así que, al momento de una verdadera emergencia, deja abandonadas a las ovejas, pues le interesa más su propia vida:

«Cada quién debe hacerse responsable»
«Seguro que estaba en pecado»
«Cuando regrese a la iglesia lo atenderemos»
«Dios solo lo ama si pacta»

El asalariado es hábil como empresario, ya que en su búsqueda de mayores beneficios económicos, maneja al rebaño de Dios como una empresa, establece filiales, sucursales y hasta franquicias. Levanta, no pastores que aman a Dios y sus ovejas, sino gerentes capaces y hábiles. Por ello centran su predicación en las palabras: éxito, prosperidad material, pactos, grandiosidad, majestuosidad… en lugar de: pecado, arrepentimiento, salvación, santidad, adoración a Dios.

Es más fácil engañar a los incrédulos y nuevos creyentes, pues ellos vienen apenas están en el mundo del fracaso y necesidades de superación. A un fracasado o a un pobre le agrada más de cómo salir del fracaso o de la pobreza, que de «cómo vivir en santidad».

Durante la historia de la Iglesia, hemos sido penetrados por toda clase de doctrinas diabólicas, unas «más parecidas» al evangelio verdadero. Sin embargo no han tenido éxito. Solo nos queda seguir orando por la Iglesia, seguir enseñando la verdadera doctrina, seguir denunciando las falsas doctrinas…

Reflexión por Engelbert González, 2017.




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