Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 1 Juan 2:16 RVR
Parece imposible, pero es cierto, la vanidad de los cristianos existe; de hecho, alguno lo predican desde el púlpito. En pleno Siglo XXI algunos servidores de Dios han dejado ver en sus redes sociales fotografías de sus hijas (algunas menores de edad) desfilando en ropa interior. No en competencia por quién vive una vida en santidad o quién sabe más sobre Las Escrituras, sino para «ganar un concurso de belleza».
Estas niñas que crecen creyendo que es más importante lucir el cuerpo y recibir la aprobación de hombres que conocer a Dios, Sus preceptos y vivir procurando apartarse de la tentación y el pecado. De cierto, no logran percibir la diferencia entre ser un cristiano genuino y un amigo del mundo (Epístola de Santiago 4:4).
Si la vanidad de los cristianos se demuestra públicamente en forma de «concurso de belleza», ¿cómo pueden predicar en contra el pecado de vanidad?
Así como no pueden predicar contra la corrupción si están esperando que políticos y gobernantes corruptos les regalen «una casa» o «dinero», con fines políticos.
En una de las peores crisis de la historia de la iglesia cristiana, «líderes» con poco o ningún conocimiento de los verdaderos principios bíblico, están perdiendo al pueblo de Dios, que van al templo cada domingo a alabar al Señor y terminan viendo prácticas similares al mundo. Se reproduce el mal que ha llevado a algunos «cristianos» a convertirse en comunistas, pro-gays y pro-aborto.
La vanidad es pecado por múltiples razones. En países como Brasil hay competencias como «Miss evangélica». Otros alegan que Ester fue la primera miss, haciendo una muy precaria interpretación bíblica. Te invito recapacitar en cuanto a tus prácticas y evaluarlas a la luz de las Escrituras.
Reflexión por Engelbert González de 2013. Reeditado en 2016.









