Tu apariencia no impresiona a Dios
“Cuando llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «Sin duda éste es el ungido de SEÑOR». Pero el SEÑOR le dijo a Samuel: -No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” 1 Samuel 16:6-7
Las apariencias logran engañar incluso a un hombre de Dios como lo fue Samuel. Lo externo llama la atención más de lo que imaginamos. Pero siempre debes recordar que tu apariencia no impresiona a Dios. Incluso le damos más valor del que deberíamos: nos acercamos a personas “simpáticas”, queremos parecernos al más ágil, nos emociona estar con quien está “mejor” presentable, nos agradan los concursos donde se expone al relieve lo externo (miss y mr.); o incluso nos impresionan quienes utilizan términos como «apóstol, profeta, profecía, «Dios me dijo»…» Tal vez podemos decirlo de otra forma: nuestro sistema de valores está lejos de parecerse al sistema de valores de Dios.
La lucha continúa, y la carne sigue interponiéndose en medio de la identidad que Dios te ha dado. Los problemas de autoestima, falta de identidad cristiana, valores invertidos; sólo pueden resolverse cuando decides buscar la voluntad y dirección de Dios en tu vida. Sin embargo, falta algo más: creer que Dios te ama, está buscando tu corazón, no tu apariencia externa. Es posible que sea este el momento que puedas aceptar el amor incondicional de Dios a tu vida, sin pensar que debas ser perfecto para recibirlo. O tal vez, dejar de lado esa creencia que te hacía pensar que tus éxitos o apariencia te daría puntos positivos con Dios. Experimenta una relación más estrecha con Dios, y sabrás que nadie puede impresionar a Dios con su apariencia.
SEÑOR no es fácil cambiar mi forma de pensar de un día para otro, y menos fácil cuando por años he intentado esconderme en mi apariencia externa, pero quisiera experimentar tu forma de verme, tu manera de amarme, de entender que muy a pesar de todas mis debilidades, no soy un extraño para ti, que muy a pesar de no ser perfecto tú ya decidiste salvarme, amarme y glorificarte en mi vida… Dame un corazón que se parezca al tuyo…
*Devocional escrito por Engelbert Gonzalez. Tomado del 13/06/2006. Reeditado abril 2013.









